Message #358:
From: AzTeC SW Archaeology SIG
To:   "'Matthias Giessler'" 
Subject: Mountain Pima of Sonora & Chihuahua
Date: Sat, 2 Nov 1996 16:43:23 -0700 (MST)
Encoding: Mime-Version: 1.0


From: Sergio Cordova

Another Interesting article from this morning's (11/02/96) web version of
the Imparcial Newspaper from Hermosillo. It is on the Mountain Pima or
"Pimas Bajos" that live in the Sierra Madre on the central Sonora-Chihuahua
Border.  There is also some mention of the "Pimas Altos" or the Pimas of
Northern Sonora, Southern Arizona. Headline Reads: "Pimas's they're rich but
they live in caves"

November 2, 1996                                                      		
Pimas: son ricos pero viven en cuevas 
Por Francisco Gonz‡lez Bol—n 

Riqueza forestal, ganadera y agr’cola detentan pero hasta su tierra est‡
invadida.
Por siglos han tenido muchas riquezas pero todav’a hoy en d’a la falta de
una casa digna les obliga a vivir en cuevas durante la Žpoca de intenso
fr’o.  Para con la tribu Pima la naturaleza fue pr—diga pues no s—lo les
brind— un clima envidiable sino que en su territorio actividades como la
forestal, agr’cola y pecuaria tienen mucho que dar.  Pero, como con el resto
de las etnias de Sonora o el pa’s, la llegada de la "civilizaci—n" a sus
tierras lejos de significar desarrollo se convirti— en una constante
depredaci—n de sus fuentes de riqueza en beneficio de s—lo unos cuantos.  De
acuerdo con los testimonios hist—ricos, esta tribu se divid’a desde antes
del siglo XVII en pimas altos y bajos.  Los primeros viv’an en las m‡rgenes
del R’o Altar y sus afluentes en el Noroeste del Estado y bajo la amenaza
continua de las incursiones de los grupos atapascanos,integrados por los
apaches, hocomes, janos y sumas.  Los pimas bajos se encontraban desde el
territorio casi desŽrtico en el extremo Noroeste del Estado, a lo largo del
curso medio del R’o Yaqui, hasta las zonas m‡s fr’as del Este de Sonora y
Oeste de Chihuahua.  El nombre de esta tribu viene por la degeneraci—n de la
palabra "pia", un adverbio negativo que para ellos era la forma de decir no,
por eso los llamaban "los decidores de no".  Los pimas, principalmente los
bajos, tienen mucha semejanza con los —patas en su modo de ser: Ambos fueron
buenos soldados, reconocidos por su valor y lealtad, caracter’stica por la
cual eran muy bien  aceptados como soldados de las compa–’as presidiales.
Al igual que otras etnias del Estado, fueron organizados con un sistema de
Gobierno teocr‡tico que los hizo defensores de los intereses misionales.
Esta tribu tuvo que salir de su territorio para emplearse en las minas,
haciendas o ranchos, trabajando como jornaleros.  Como la mayor’a de los
grupos Žtnicos de Sonora, practicaban la agricultura, aunque poco
tecnificada y con una econom’a que en mucho depend’a de la apropiaci—n de
los recursos del medio ambiente.  Presentaba ciertas dificultades para
mantener las mismas tierras de cultivo a–o a a–o ya que con frecuencia los
r’os cambiaban su curso, remov’an durante las crecientes el mejor suelo y
dejaban en ocasiones s—lo arena.  Los pimas altos estaban integrados por los
p‡pagos, sobaipuris y cocomaricopas, en tanto que los bajos los constitu’an
los nevomes altos y nevomes bajos.  La historia registra las m‡s de cuarenta
incursiones del padre Eusebio Francisco Kino en la llamada Pimer’a Alta
entre 1697 y 1711, pero muy poco se habla del desarrollo de la Pimer’a Baja.

Problemas de hoy
Todav’a hoy, la poblaci—n O'op o pimas, con una poblaci—n superior a
861personas, habita la zona de YŽcora, Sonora, y una parte de Chihuahua, en
por lo menos 17 peque–as comunidades.  Junto con la falta de energ’a
elŽctrica, agua potable y viviendas, el problema m‡s grave al que se
enfrentan es el de la invasi—n de su territorio por particulares a los que
de buena fe les rentaron o prestaron un pedazo de tierra y hoy se han ido
extendiendo sin que autoridad alguna haga algo para detenerlos.  Miguel
Monroy Galaviz, presidente del Comisariado Ejidal de Maycoba, la comunidad
Pima m‡s extensa, se–ala que el 10 de enero de 1962 por resoluci—n
presidencial recibieron 17 mil 200 hect‡reas de terrenos propiedad de la
naci—n.  Pero hoy, un 50% por lo menos de ese territorio est‡ en poder de
particulares como Humberto Ochoa, Ignacio Bustillos, NŽstor Aguilar, Juan
Antonio Coronado, Rafael Acu–a, Alberto Ponce, Rom‡n Aquiles Ponce,
Francisco Coronado, Miguel Coronado, la familia Aguilar, Rodrigo Loya y Rayo
Coronado.  Como desconoc’an a donde dirigirse, los ind’genas presentaron
hace algunos a–os demandas penales contra los invasores pero ante un Agente
del Ministerio Pœblico de Sahuaripa que hasta el momento no ha actuado.
Asesorados por el Instituto Nacional Indigenista (INI), ahora presentar‡n
sus querellas en la Procuradur’a Agraria y el Tribunal Unitario Agrario con
miras a que ahora s’ les hagan caso pues han sabido de que lejos de
resolverle ya est‡n entreg‡ndose t’tulos de propiedad a los particulares en
terrenos de los pimas.  En la lucha contra los invasores, se–ala, muchos
ind’genas han muerto a manos de particulares, que incluso han llegado al
extremo de quemar las viviendas de algunos pimas.  La mayor’a de los
invasores de la superficie ind’gena es del Estado de Chihuahua, asegura
Monroy Galaviz, a quienes les ha sido rentada alguna vez la tierra y poco a
poco van recorriendo sus cercos hasta apoderarse de una buena parte del
territorio.

En cuevas
Como en la Žpoca prehist—rica, los pimas tienen que irse a vivir a las
cuevas durante el tiempo invernal ya que en Maycoba o en El Kipur, donde
vive la mayor’a, la nieve alcanza a veces hasta un metro de altura.
Las viviendas, construidas a base de madera incluidos los techos, no
alcanzan a generar en ese tiempo el calor suficiente para albergarlos y lo
mejor entonces es irse a las cuevas.  De acuerdo con Lorenzo Garc’a
Rodr’guez, presidente del Consejo Tradicional de Pueblos Indios del Estado
de Sonora, se ha propuesto al Gobierno la dotaci—n de crŽditos para la
autoconstrucci—n de viviendas, pero s—lo les quieren dar dos mil pesos por
familia, lo cual es a todas luces insuficiente.  En su presupuesto para este
a–o, que asciende a un mill—n 564 mil pesos, de acuerdo a las necesidades de
la etnia, se propuso para el rengl—n de vivienda un total de 250 mil pesos
pero ni Žse ni ningœn otro punto del proyecto ha sido aprobado.  Los pimas
solicitaron apoyos para un taller de costura, m—dulos ovinos, bovinos y
caprinos, becas, para albergues, para el Centro de Salud, una tienda
comunitaria, introducci—n del agua potable y otros servicios.

Aserradero subexplotado
Aunque poseen mucho potencial forestal, los pimas no pueden explotar al 100%
el aserradero localizado en El Kipur, sobre todo por la falta del servicio
de energ’a elŽctrica.  Al momento trabajan con motores a base de diesel,
pero cuando el combustible se les termina la producci—n se detiene durante
dos o tres d’as en espera de que llegue desde YŽcora.  En la cabecera
municipal s’ hay diesel, pero deben esperar por mucho tiempo hasta que las
pipas procedentes de Ciudad Obreg—n lleguen para surtirles.  Los pimas
cortan al momento pinos en su amplio territorio pero las compa–’as madereras
de Chihuahua s—lo les pagan a dos pesos el pie cœbico de la madera.  Los
recursos generados, en consecuencia, no alcanzan m‡s que para pagar el
sueldo de los trabajadores pero el equipo no puede renovarse debido a la
falta de dinero.  Adem‡s, los ind’genas no tienen una asesor’a adecuada en
cuanto al uso de sus recursos, pues en los patios del aserradero hay
toneladas y toneladas de aserr’n que bien vendidas a la industria av’cola
significan una gran riqueza, pero ellos cada cierto tiempo prefieren
quemarlo porque les estorba para trabajar.  Pero en el aserradero se
enfrenta al momento un problema legal que, segœn Manuel Galaviz, gobernador
tradicional de los pimas, ha frenado un poco el desarrollo de la tribu.  En
1992 un empresario de Chihuahua, Alberto Escudero GutiŽrrez, embarg— a la
empresa ind’gena por un crŽdito no pagado cuando Luis Carlos GutiŽrrez
Garc’a era el Comisariado Ejidal.  Si el poblado contara con energ’a
elŽctrica, otro gallo cantar’a a la tribu, se–ala Galaviz, pues as’ podr’a
desarrollarse no s—lo el aserradero sino varias actividades conexas en las
que se emplear’an los pimas.  De momento cuando el aserradero no funciona la
gran mayor’a de los trabajadores son vistos entre El Kipur y Maycoba en
camionetas repletas de personas y de cervezas y hay quienes se atreven a
asegurar que por esos sitios se esconden muchos "ma–osos" de la droga.  Para
evitar que la juventud caiga en vicios, considera, se deber’a construir un
taller de carpinter’a para aprovechar de manera integral el aserradero.

Poca agricultura
Aunque en la letra tienen 17,200 hect‡reas, los pimas s—lo siembran trigo,
avena, frijol y ma’z en 118 hect‡reas, otras veinte son de zona urbana y el
resto de agostadero o forestal.  No pueden sembrar mucho por la falta de
agua, expresa, pues si no hay equipatas durante el invierno los arroyos se
secan y hasta el forraje desaparece.  Lo que se requiere, precisa, es la
construcci—n de represos para tener agua permanentemente.  Al mismo tiempo,
se podr’a aprovechar para el servicio de agua potable y evitar que los
ind’genas sigan tomando agua sucia de los arroyos Kipur y Maycoba, indica,
la cual obtienen s—lo caminando hasta ocho kil—metros para llegar al aguaje
de La Cieneguita.  En la escuela de El Kipur s—lo hay dos maestros y los
ni–os a veces salen hasta de 14 — 15 a–os de la primaria, afirma Galaviz.
La poblaci—n infantil tiene algunos problemas de desnutrici—n, sostiene, por
lo cual el programa de desayunos escolares debe tambiŽn llegar a esa comunidad.

Mucha inversi—n
Para Guadalupe L—pez Duarte, coordinador del INI en El Kipur, enfatiza que
para los servicios de agua potable y electrificaci—n de la comunidad Pima se
requiere de mucha inversi—n en infraestructura.  En agua hay un proyecto
para traerla desde donde haya, mientras que en electrificaci—n el Gobierno
de Chihuahua planea llevar el servicio a Moris y El Pilar, lo cual
resultar’a beneficioso para los pimas porque 
necesariamente por ah’ pasar’a toda la infraestructura.  El INI est‡ en la
comunidad Pima desde 1990, indic—, y eso ha representado una atenci—n m‡s
directa, como en el caso de las once invasiones de terrenos existentes, de
las cuales unas tres se han arreglado con el desalojo de dos mil cabezas de
ganado.  El INI seguir‡ apoy‡ndolos en este terreno, precisa, con los
juicios a emprender en el Tribunal Agrario y sin hacer caso a las voces que
piden desalojar a garrotazos a los invasores, lo cual traer’a m‡s violencia.
En el caso del aserradero, se logr— que los pimas fueran interventores de su
propia empresa para que puedan capitalizarse y se les ha ayudado con
crŽditos hasta 94 mil 800 pesos para seguir creando ah’ fuentes de empleo.
Advierte que posiblemente para el a–o entrante la Secretar’a de Medio
Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (Semarnap) declare que el bosque no
tiene ya factibilidad de seguir explot‡ndolo. Por lo mismo, se busca que los
pimas diversifiquen sus actividades productivas hacia la agricultura y la
ganader’a, principalmente.  Habla de que en el albergue se destinaron casi
56 mil pesos para mejorarlo pues al ser transferido del Estado de Chihuahua
al de Sonora se encontraba en malas condiciones.  Adem‡s, se buscar‡
capacitar a pimas egresados de secundaria como maestros para no perder el
lenguaje, sus costumbres y tradiciones.  No se puede culpar del todo al
Gobierno o sus instituciones de los retrasos en las comunidades ind’genas,
puntualiza, pues hasta en la misma Constituci—n de 1917 quedaron cabos
sueltos como el no incluir los  derechos ind’genas.  Resulta vergonzoso que
en pleno siglo XX los pimas se tengan que ir a vivir a las cuevas en tiempo
de fr’o, expres—, pero todo mundo est‡ obligado a velar por las etnias y
ellas mismas a procurar el cuidado de territorio, de su educaci—n, de sus
costumbres para alcanzar un mejor desarrollo.